JIA Apoya a Valparaíso

Todo un éxito resultó la campaña 1+1 que realizamos como empresa para aportar a los damnificados del gran incendio que afectó a Valparaíso el pasado 12 de abril y días siguientes.

La recaudación del dinero de los miembros del equipo JIA se tradujo en el siguiente aporte:

  • 1 casa tipo de la fundación TECHO, equipada con una cocina, cama matrimonial,  camarote e  instalación eléctrica.
  • Herramientas.
  • Materiales de aseo.
  • Artículos de aseo.
  • Artículos de higiene personal.
  • Menaje desechable.

El pasado viernes 18 un contingente de representantes de la campaña “JIA Apoya a Valparaíso” viajó hasta el puerto para hacer  entrega de la mercancía, la que está siendo distribuida por el centro de acopio del Muelle Barón.

En  tanto, la construcción de la casa estará a cargo de un grupo de voluntarios de nuestro equipo, en coordinación con la fundación TECHO.

Resistencia online a proyectos: Redes en llamas

Reportaje de revista Qué Pasa Minería (edición #26, 14 abril de 2014) donde se hace referencia al estudio "Activismo Medioambiental 2.0" de nuestra empresa y Jaime Illanes Piedrabuena participa como entrevistado.

Resistencia online a proyectos: Redes en llamas

Se estima que más de un 50% de los chilenos en Facebook se ha unido a un grupo para manifestarse en contra de un proyecto industrial. Los más criticados son los relacionados con la minería y la energía. Sin fórmulas o recetas, los expertos coinciden en que tener una estrategia para hacer frente a los nuevos movimientos sociales, o activismo 2.0, es un must.

Luego de que a fines de agosto de 2010 la Comisión Regional de Medio Ambiente de Coquimbo aprobara la construcción de la termoeléctrica Barrancones de la empresa Suez Energy en Punta de Choros, en la comuna de La Higuera la reacción de los movimientos contrarios al proyecto no se hizo esperar.

Las alarmas se encendieron, y a través de redes sociales como Twitter y Facebook, grupos ciudadanos y ambientalistas detractores de la iniciativa se organizaron para salir a la calle y manifestar su descontento, marcando un precedente en la forma de manifestarse en Chile. Unos días más tarde, el entonces presidente Sebastián Piñera anunció que Barrancones tendría que ser reubicada, dejando así a la empresa sin más opción que abortar la construcción de la termoeléctrica, pese a contar con todos los permisos ambientales.

Desde entonces, diversos movimientos ciudadanos a través del activismo 2.0, han sido parte del debate en las redes sociales, generando una nueva forma de organización en contra de iniciativas energéticas o mineras.

Para Carlos Orrego, director de Tecnología en Brandmetric -firma especializada en el análisis de este tipo de información-, éste fue el hito que marcó un antes y un después en la forma en que se habían desarrollado las manifestaciones en Chile. “Si bien el movimiento estudiantil en 2006 utilizó mucho la comunicación 2.0, lo que pasó con Barrancones fue un levantamiento espontáneo, que luego declinó de forma abrupta con su cancelación, aunque la gente siguió hablando de estos temas luego de que otros proyectos fueran aprobados”.

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La nueva calle

Los canales de comunicación han cambiado, al igual que la forma en que los chilenos se están informando del acontecer nacional y están dando su apoyo a las manifestaciones relacionadas al medioambiente. Según el segundo estudio Activismo 2.0, realizado por la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica, en conjunto con la consultora medioambiental Jaime Illanes y Asociados y el think tank TrenDigital, la penetración de las redes sociales ha aumentado de forma significativa, y si en marzo de 2013 un 93% de los encuestados aseguró tener cuenta en Facebook y un 52,3% en Twitter, en noviembre de ese año el porcentaje aumentó a 95,2% y 56,6% respectivamente.

Para el periodista e investigador de la UC Daniel Halpern, el acceso a estos canales ha significado que las personas tengan más posibilidades de sacar la voz y expresar lo que piensan. “Esto es relevante porque la gente puede dirigir sus ideas o críticas no sólo a sus pares o medios de comunicación, como anteriormente se realizaba, sino que también a públicos de interés, como organizaciones, activistas, dirigentes e inclusive a las mismas empresas”, dice Halpern.
Según los encuestados, sólo el 11,7% se unió a una funa, un 26,9% participó en una marcha autorizada, un 29% a un evento de apoyo, un 46% firmó una petición y el 32,7% asistió a foros sobre el tema en 2013. “Este hecho ha empoderado a la sociedad en general ya que les ha dado voz a personas que antes no tenían, por lo que su nivel de eficacia política también ha aumentado y creen que pueden cambiar cosas”, agrega el experto.

De hecho, el estudio de Halpern arrojó que el 50,6% de los encuestados se habían unido a algún grupo en Facebook para detener proyectos y un 52,3% aseguró haber posteado en contra de éstos, dado que consideran que tendrían algún impacto ambiental asociado.

Las iniciativas que la gente reconoce haber visto con más frecuencia en las redes sociales son Pascua-Lama con un 42,4%, HidroAysén con un 36,7%, y Alto Maipo con un 2,57%. Y, entre los datos arrojados por el estudio de Halpern, se demuestra que mientras las manifestaciones online en contra de este tipo de proyectos han ido en aumento, las manifestaciones offline habrían disminuido. En marzo de 2013, el 21,9% de los encuestados dijo que participó de una marcha y un 72,5% había conversado con amigos sobre el tema, mientras que en noviembre estos porcentajes cayeron a 19,8% y 63,5%, respectivamente.

Para Orrego, aunque la penetración de Facebook es mayor (superando las 9 millones de cuentas en Chile), al ser privado, no genera las mismas instancias que genera Twitter, que es abierto y tiene poco más de 4 millones de cuentas en el país. “Twitter es la marcha en la calle, y Facebook es la conversación en la casa. Las fan pages (páginas de fans) agrupan, pero son más lentas las interacciones entre los participantes, mientras que Twitter es inmediato. Y los medios de comunicación están haciendo eco de estos movimientos, dándoles espacio en sus líneas editoriales”.

Es en estas áreas donde los movimientos ambientalistas y ONGs han enfocado sus fuerzas para difundir a la población sus argumentos y sumar seguidores. Más de un 50% de los usuarios dijo haber recibido información de Patagonia Sin Represas a través de redes sociales, un 42,7% de Greenpeace, y un 34% de Chile sin Termoeléctricas, un aumento de un 18% con respecto a la última medición, realizada en marzo.

“Esto no es una moda. Este tipo de activismo llegó para quedarse”, dice Halpern. Para el investigador, hay que entender que gran parte de los chilenos tienen una vida social online: “Son usuarios de las redes y una parte importante de su tiempo la pasan comunicándose e informándose por esta vía, por ende, los mensajes que les llegan sí inciden en su concepción del mundo”.

Sin recetas

Los expertos coinciden en que no con siderar este tipo de activismo como una prioridad dentro del desarrollo de las grandes iniciativas es un error. El consultor medioambiental Jaime Illanes, de Jaime Illanes y Asociados, considera que a las compañías les ha costado adaptarse a estos nuevos canales de información. “En general, no han sido capaces de leer el entorno y responder a argumentos que a veces sí son válidos”. A esto, agrega que “las redes han permitido que el reclamo no sólo sea local, sino que en algunas ocasiones pase a ser nacional. Es por eso que para mejorar la relación empresa-ciudadanía es fundamental encontrar un lenguaje en común”.

Orrego coincide en que generalmente las firmas no tienen considerado lo que se dice de ellas en las redes sociales. Eso sí, hace diferencias entre un rubro y otro: mientras las empresas energéticas han limitado su participación en las redes, pese a la alta visibilidad que han generado sus proyectos, dice que las mineras tienden a seguir de cerca lo que se habla de ellas, para hacer un uso inteligente de la información, tratando de identificar a los líderes de los movimientos para generar canales de comunicación con ellos. “Algunas empresas mineras no quieren aparecer en las redes. Prefieren el silencio y escuchar, para identificar el momento en que la situación pueda ser desfavorable”. Varias de ellas tienen cuentas oficiales en Twitter o sus voceros manejan cuentas en representación de su compañía.

“En casos como el de HidroAysén o Alto Maipo, que son complejos, no basta con tener un encargado de redes sociales”, agrega Orrego. “Si bien no existen recetas que te aseguren el éxito, sí se necesita tener una estrategia de corto, mediano y largo plazo. Lo ideal es ser el actor principal de su propia conversación, aunque los odien y reciban sólo comentarios negativos, hay que estar ahí, y entregar el mensaje”.

Para Halpern, es necesario que las compañías lean las demandas ciudadanas y respondan frente a aquellas que son legítimas, y deben aprender a conversar con las personas y a no temer que los ataquen. “Además, deben disponer de tiempo y recursos para conversar y explicar por esta misma vía sus proyectos y estar dispuestos a ponerse bajo el escrutinio público en este nuevo contexto”, dice el investigador y agrega: “Muchos usuarios apoyan estos movimientos porque no saben ni siquiera cuál es la versión de la empresa. Éstas tienen que aprender a defender y a desarrollar respuestas capaces de explicar a las personas su visión con respecto a los temas más controversiales”.

El sistematizar la información a partir del diálogo que se genera en las redes es lo primero. Así lo explica Illanes, quien dice que desde acá se pueden extraer datos que mejorarán la gestión de las comunicaciones. “Se puede entender la dinámica de los grupos que se forman alrededor de estos proyectos estudiando las redes y los contactos a través de los cuales fluye la información”, dice el consultor. “No todos los proyectos de inversión son malos, pero claramente muchas empresas no están utilizando las herramientas del siglo XXI para dar a conocer sus proyectos y entablar un diálogo con la ciudadanía que permita validarlos”.

“En esto no hay fórmulas comprobadas, todo es tan nuevo que es de ensayo y error”, señala Orrego. Agrega que entregar contenidos de calidad, crear comunidad y conversar con la gente es uno de los primeros pasos. “Dar la cara siempre es bueno, y difundir las cosas positivas del proyecto también es necesario para que el debate sea más equilibrado”. Dice que identificar a los que hacen más ruido, sacando a los famosos o a los trolls (gente que se dedica a agredir y tratar mal a los demás en las redes), e invitarlos a conocer más de los proyectos es una estrategia que puede servir para disminuir el ruido. “Quedarse callado y no entregar el mensaje es lo peor que puede suceder cuando todos están hablando de ti en las redes”.

Por América Rodríguez A.

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